sábado, 12 de marzo de 2011

RAFAEL MARÍA BARALT. Reseña histórica y Estudio Preliminar de su Historia de Venezuela.

Prof. Jorge Vidovic  López
Prof. Jose Larz Rubio 
                                                        
UNERMB


RAFAEL MARÍA BARALT.


 Reseña histórica y Estudio Preliminar de su Historia de Venezuela.


                Desde hace mucho la obra intelectual de Rafael María Baralt  ha venido gozando de prestigio y reconocimiento; sus escritos han sido difundidos ampliamente por  intelectuales como Augusto Mijares, Ramón Díaz Sánchez, Pedro Grases, Mario Briceño Iragorri, Rufino Blanco Fonbona, Edgard Sanabria, Pedro P. Barnola, entre otros pensadores de más reciente data. Sus aportes a la literatura  abordan temas de historia, poesía, filología, pedagogía, periodismo, oratoria, sociología, diplomacia y  ensayos políticos.
            Nace en Maracaibo un tres de julio de 1810, hijo del Coronel venezolano  Miguel Antonio Baralt de ascendencia catalana y de Ana Francisca Pérez de nacionalidad dominicana; crece mientras se lleva a cabo la guerra de independencia e irrumpe en la vida pública y cultural del país cuando se ha disuelto la Gran Colombia. Desde muy temprano su familia lo traslada a Santo Domingo, lugar donde transcurre su infancia y parte de la adolescencia. Según datos del historiador Germán Cardozo Galué en 1824 viaja  a  Bogotá en compañía de su tío Luis Andrés Baralt para realizar estudios de latinidad; allí se gradúa en Filosofía y Derecho en los Colegios de la Merced y Bartolomé, actual Universidad Javeriana de Bogotá.[1]

Su primera incursión en las letras comienza cuando apenas contaba con 18 años de edad, según don Pedro Grases, Baralt se inicia como editor principal del “Patriota del Sulia” cuando éste ve la luz el 16 de febrero de 1829. La intención de este periódico era la de informar acerca de la política Gran Colombiana, y de modo particular, sobre la guerra del sur, entre Colombia y Perú. En relación con esta asignación, Baralt le comenta -a través de una carta con fecha 17 de febrero de 1829- a su tío don Luis Andrés Baralt, senador, en la capital grancolobiana, lo siguiente:
“Remito a Ud. Un ejemplar del Patriota. Este periódico ha sido establecido por el intendente, y por tanto, su carácter es del todo ministerial. El número que le incluyo ha sido redactado por mí y lo será también el tercero……Mucho me excusé antes de admitir esa penosa comisión; pero al cabo fue preciso ceder, porque las disculpas, aunque sean justas, suelen considerarse, con mucha frecuencia, intempestivas. Por lo demás, mis ocupaciones me impiden dedicarme con atención a ese género de trabajo, fastidioso por sí mismo y nada útil en sus resultados: lo dejaré, pues, tan pronto como me sea posible.”[2]
A pesar de su malestar, este trabajo permitirá afinar la pluma del futuro historiador además de  compilar, sin saberlo aún, parte de las fuentes que utilizará para la redacción  de su resumen de historia antigua y moderna de Venezuela. Posteriormente asume la administración de Correos del Departamento del Zulia y actúa como oficial del Estado Mayor y Secretario del general Santiago Mariño en la Campaña de Occidente. A solicitud del general Mariño, comienza a compilar y ordenar los documentos relativos a esa campaña, firmando posteriormente la introducción que los presenta. Según la opinión de Augusto Mijares, este trabajo no fue de gran calidad debido a la inmadurez del escritor y su corta edad; sin embargo, igualmente afirma que once años después se convertirá en un estupendo escritor, valeroso y sagaz historiador. (Mijares, 1960: XLIX).
En 1830 se traslada a Caracas y permanece allí hasta 1840, en la capital se incorpora a la vida intelectual y cultural de la nación; durante este tiempo se inicia por los caminos de la literatura, de la poesía y de la historia. Según Abraham Belloso se preocupaba Baralt por obtener la certidumbre de los acontecimientos ocurridos en la guerra magna, desde su iniciación; y compartía el tiempo disponible colaborando en el Correo de Caracas, cuyo fundador y propietario fue el sabio don Juan Manuel Cajigal. También publicó algunos de sus escritos en la revista literaria “La Guirnalda” revista de efímera existencia. Abraham Belloso afirmó que Baralt “no escatimó su cooperación literaria a quienes se la solicitaron; y en los periódicos y revistas caraqueños la firma de Rafael María Baralt no faltaba en ellos, haciéndose de una nombradía literaria que no tardó en traspasar los ámbitos de la patria” (Belloso, A.; 1966: 106).

Para el año de 1839 el Congreso de la República de Venezuela encomienda al geógrafo Coronel Agustín Codazzi la elaboración de un resumen de la geografía de Venezuela y un Atlas que complemente dicho trabajo; para la parte histórica, Codazzi tuvo el buen tino de convocar al Capitán de Artillería  Rafael María Baralt y a don Ramón Díaz Martínez . Estas tres personalidades se embarcan hacia París el 11 de julio de 1840  con la intención de agilizar la edición de los trabajos anteriormente señalados. Es de importancia reseñar que Codazzi, autorizado por la Legislatura de 1839, adquirió un empréstito en dos partes por la suma de 15 mil pesos que le fue otorgado por el Congreso de la Nación para la edición de sus trabajos.[3]
Por su parte, el Capitán de Artillería, Baralt,  desde 1837 venía compilando en comunión con Ramón Díaz Martínez, gran parte de la documentación necesaria para la edición de una obra de Historia de Venezuela aptas para la enseñanza en la escuela; la fortuna le sonríe cuando por iniciativa de Codazzi se le invita a colaborar para que redacte la  parte histórica que complementa en trabajo geográfico. Es así como nace, en comunión con el atlas de Venezuela,  su famoso resumen de Historia Antigua y Moderna de Venezuela publicada en dos tomos, ambos, en Paris para el año de 1841.
En agosto del mismo año, específicamente en Caracas, empiezan a admirarse mapas, atlas, historia y geografía. Don Mariano Mora, encargado de la distribución de la obra, cuenta que en poco tiempo había más de quinientos suscriptores; al parecer había un afán patriótico por conocer la anchura de la patria sobre los dibujos de sus suelos y su historia. Ciertamente, la obra de Codazzi complació las expectativas del público, todos los sabios están de acuerdo en el elogio de la obra. “En su vieja tertulia de San Francisco, Codazzi recibe los parabienes de los amigos. Allí se reúne menudamente Baralt, Rafael Seijas, Fermín Toro y los demás componentes de aquella “peña” cuyo principal admirador es Juan Vicente Gonzales, quien a la par ha instalado las oficinas de su imprenta.” (Iragorry; 1966:61)
A todas estas, Codazzi tenía una deuda pendiente de 15 mil pesos; pensó éste solicitar la exoneración de la deuda al Congreso por favores concedidos a la patria. El Congreso a través de su Cámara de senadores negó la solicitud y exigió de manera apremiante el pago de la deuda. Pero, ¿cuáles eran las razones de la negativa de la Cámara del Senado? Esto nos lo responde don Mario Briceño Iragorry cuando afirma: “no era Codazzi, se trataba de sus socios Baralt y Díaz. A éstos cobran los políticos de la Cámara Alta juicios expresados en la parte contemporánea de la historia” (Iragorry, 1966: 61).
 Don Pedro Grases nos comenta al respecto que la lectura de la historia de Baralt y Díaz provoca en Caracas aires de apasionadas murmuraciones y tempestades de tal magnitud que su autor decide para el año de 1842 no volver a Venezuela. Este rechazo también debió estar vinculado a la amplitud o visión amplia que tenía Baralt de su mundo, la cual se nutrió de su contacto con planteamientos ideológicos de diversa índole, algunos polémicos, como los provenientes del socialismo y el liberalismo (Parra, 2009). Señala igualmente el historiador Germán Cardozo que “al igual que Andrés Bello y Simón Rodríguez buscara horizontes menos convulsionados que le permitan continuar su crecimiento y expansión como, filólogo y periodista”. (Cardozo, 2010)
Berthy Ríos en un ensayo titulado “Muerte y Resurrección de Baralt” señala que “la Historia de Venezuela, el libro que lo habría de consagrar, al mismo tiempo que lo hizo nacer a la gloria continental, le ocasionó la muerte civil en su propia patria” (Ríos, B.; 1964:15). Ríos continúa afirmando esta realidad señalando que: “en la redacción de su libro Baralt fue sincero molestando de esta manera a los jerarcas de la república recién nacida quienes envueltos en el mito y la leyenda – a veces justificados, como en el caso de Páez- regresaban de asistir al parto de la Independencia Nacional, y se dedicaban como padres a usufructuar de aquella criatura que consideraban propia.” (Ríos, B.; 1964: 15).
 Sin embargo, para algunos  intelectuales entre los que destacan Rafael Seijas, Fermín Toro, Juan Vicente Gonzales y el resto del pueblo lector, su historia tuvo buena acogida pues aquella apreciación que se había generalizado sobre Bolívar en 1830, apreciada en su introducción sobre los documentos de la Campaña de Occidente, fue totalmente cambiada al apreciarse en la historia de Venezuela la serena equidad y la absoluta justicia con que se juzga al Libertador y los hechos de la guerra de emancipación.
Según Berthy  Ríos, Baralt tardó un año solamente para leer todos los documentos aportados por Ramón Díaz Martínez; igualmente para seleccionar, compilar, confrontar, redactar y corregir la obra. Esto, según Don Mario Briceño Iragorry “no gustó a los poderosos de la época, que hubieran deseado verse mejor pintados en el recuento de los hechos; por el contrario, esperaban grandes frases elogiosas y conceptos aprobatorios de la actuación de Páez en la presidencia de la república, y el aplauso rimbombante de ella; encontrándose, en contraposición, con apreciaciones imparciales y ecuánimes, adscritas a la verdad y amoldadas a un criterio de completa cordura e imparcialidad (Belloso, A.; 1966: 107).

Ante la reacción de la Cámara Alta del Senado, Codazzi asume una postura favorable a Baralt y presenta al Congreso de Venezuela una memoria escrita por Rafael Urdaneta, Hijo mayor del prócer de la patria, en la que al referirse a la historia de Baralt y Díaz Martínez señala textualmente:

            “Si la historia no estará escrita con imparcialidad, si oculta algo, si elogia a quien no debe, si olvida a algunos y ensalza con justicia a otros, si, en fin, ella no es de la aprobación de la mitad del Senado….El Poder Ejecutivo convenía en que con el levantamiento de los planos de las provincias se había hecho un importante servicio a la República, que merece una recompensa nacional; y pregunto yo ahora; ¿Seré culpable por haber escogido al Capitán R.M. Baralt para redactar la historia, o porque éste se asociase al señor Díaz? Paréceme que no y aunque el Gobierno mismo al conferir un destino importante al señor Baralt y ofrecer otro al señor Díaz, que no aceptó, pareció mostrarse satisfecho de la manera con que aquellos señores desempeñaron un trabajo de suyo delicado. Pero supongamos que la historia carezca de verdad en muchos puntos; que sus autores hayan consultado más sus propia pasiones que los hechos con la mira de dar gloria a unos, arrebatándosela a otros; siempre resultará por poco que se reflexione, que se ha hecho un bien inmenso al país, porque se ha abierto el campo de la discusión y se ha preparado el triunfo a la verdad. Pues qué; ¿no están las plumas en las manos libres de todos los venezolanos? ¿Por qué no impugnan lo que no les parece exacto? ¿Por qué ese profundo silencio? Este silencio prueba una de dos cosas: o que la historia es justa, imparcial y digna de los hechos históricos que se refiere, o que los escritores venezolanos se preparan a combatirla con armas del raciocinio” [4]

Las palabras de Urdaneta parecen generar una especie de debate por la búsqueda de la verdad en la Historia Nacional, sobre todo en la parte de historia contemporánea pues aún están vivos los recuerdos de quienes participaron en el proceso emancipatorio y se vieron obviados en la redacción de dicho resumen. Indiscutiblemente la historia de Baralt y Díaz no podía incorporar, por falta de documentos y debilidad en el tiempo destinado para su redacción, de todos los acontecimientos; sin embargo, es la primer acercamiento desde el punto de vista histórico que pretende narrar hechos contemporáneos de manera imparcial. Indudablemente se le tenía que presentar conflictos de intereses como los anteriormente expuestos.

MÉTODO Y ESTILO EN LA HISTORIOGRAFÍA BARALTIANA.

            Rafael María Baralt ha sido considerado, tradicionalmente, como un representante del movimiento romántico venezolano, tanto en su producción literaria como en sus trabajos historiográficos. Sin embargo recientes investigaciones productos del análisis de sus trabajos lo ubican bajo la influencia de los pre-positivistas franceses que le dan a su obra un carácter distinto al del romanticismo de su tiempo.

            Entre estos investigadores se hace necesario mencionar al profesor  Antonio Tinoco filósofo y profesor adscrito al Centro de Estudios Filosóficos Adolfo García Díaz de la Universidad del Zulia.  El filósofo define etimológicamente al Prepositivismo como lo inmediatamente anterior al positivismo; igualmente señala que se debe entender por Prepositivismo un momento en el pensamiento occidental que se ubica entre fines de la ilustración y la aparición del pensamiento de Augusto Comte. (Tinoco; 2010: pag 66)
            Según el profesor Antonio Tinoco Rafael María Baralt se inscribe en dos tendencias fundamentales, el romanticismo proveniente de Francia y Alemania, expresados en la literatura y especialmente en su poesía, y la visión pre positivista recibida de autores como Víctor Cousini, Alexis de Tocqueville, Francoise Guizot y de la mayoría de los socialistas utópicos, la cual está presente en la mayoría de su Resumen de Historia de Venezuela y de parte de los tomos que constituyen sus escritos políticos publicados en 1849. (Tinoco; 2010:Pag. 84). En su análisis el profesor Ticoco asevera que la formación de Baralt en cuanto historiador se perciben la influencia de Guizot, de los ilustrados franceses, en particular Montesquieu y Voltaire además de la influencia de Hegel.  
            Para demostrar su hipótesis el filosofo presenta un balance historiográfico sobre los postulados filosóficos de los autores anteriormente descritos y establece un análisis entre lo que plantearon como teoría y metodología de la historia y la manera en que Baralt se nutre de ellos para  procesar las fuentes consultadas; e inclusive para la interpretación de cada una de ellas en su resumen de historia de Venezuela.
            Observemos el siguiente ejemplo: Se inserta una cita de Baralt que señala:
            “En el antiguo mundo lucha el hombre sin cesar con una tierra extenuada: todos los descubrimientos de la ciencia, los más delicados procederes de las artes, la observación constante, el ingenio, el trabajo, se aplican sin descanso al grande objeto de hacerla productiva, sustituyendo a sus gastados elementos, otros que la renuevan y conservan…….Al contrario en la zona tórrida donde destituido el hombre de necesidades y cuidados, vive feliz en suaves climas al abrigo de una tierra feraz que le ofrece cosechas tempranas y abundantes…(Baralt;1960:517)

            Sobre esta cita exclama el profesor tinoco: “Al igual que Guizot, el historiador marabino relaciona las condiciones geográficas con el proceso civilizatorio, a tal punto que la extensión geográfica es un condicionante en la civilización, donde las comunicaciones son elemento fundamental para que aparezca la cultura, de allí, que la sociedad, la benignidad del clima y la carencia de necesidades son la base, en muchos casos, del carácter nacional.” (Tinoco; 2010:79-80) 

            Este es uno de los juicios más recientes en relación a la forma de ver la producción historiográfica de Baralt. Sin embargo el análisis de su obra historiográfica comienza desde el mismo momento que se publica en 1841 y lo irónico, en este sentido, es que desde esta fecha en adelante algunos intelectuales lo han criticado entre ellos mencionamos a Gil Fortoul y otros lo han aclamado como Rufino Blanco Fombona.

Don Mario Briceño Iragorry nos muestra un juicio a la historia de Baralt que data del año 1889; y que se relaciona con la inauguración de la “Academia Nacional de la Historia”. Nos cuenta Iragorry que para éste año Juan Pablo Rojas Paul, en su función como presidente de la república, en el discurso de inauguración de la Academia Nacional de la Historia afirma: “Lo que más se acerca hasta hoy al tipo de lo que debe ser la Historia Nacional, es la obra de Baralt y Díaz; pero esta obra, no obstante el alto y reposado criterio que en ella brilla, realzado por la condición clásica de la forma, no pudo ser escrita, a causa de las circunstancias de los tiempos, con la libertad moral que necesita indispensablemente el historiador para decir toda la verdad e impartir toda la justicia”[5]. Con relación al planteamiento anterior, Baralt nos comenta en el apéndice que cierra su historia moderna de Venezuela lo siguiente:

“Siempre ha sido nuestra intención poner fin a este trabajo en el año de 1830, época en que la separación de Venezuela quedó perfeccionada con la constitución expedida por el congreso constituyente de Valencia. La tarea, siempre difícil y peligrosa, de escribir la historia contemporánea con severa imparcialidad, llega a ser imposible al entrar en aquella época en que por ser muy reciente se abstiene todavía la opinión pública de pronunciar sus juicios sobre muchos sucesos importantes… al paso que en alguna que otra de las subsecuentes hemos tenido a veces una pequeña intervención; circunstancia que necesariamente afecta la parcialidad el modo de ver y juzgar los acontecimientos” (Baralt, 1960, tomo II: pág. 66)

Notemos como el historiador reconoce la dificultad por la que ha tenido que atravesar para redactar su historia moderna de Venezuela; sin embargo, Baralt, como cualquier historiador, no escapa del problema ético y que tiene que ver con lo verdadero y lo falso, con lo justo e injusto. En su historia predomina la narrativa y la inducción amalgamadas con cierto juicio deductivo a través de sus propias opiniones abrazando el conocimiento de los sucesos más memorables y el conjunto de los hechos que determinan las condiciones físicas, económicas y civiles del país.

  León Halkin en su trabajo sobre Iniciación a la crítica histórica nos dice que la historia se hace sobre la base de los testimonios, distinguiendo lo verdadero de lo falso a través de tres operaciones fundamentales. Primero, buscar y clasificar los testimonios, luego verificarlos y controlarlos; y finalmente comprenderlos e interpretarlos. (Halkin, 1963:21). Si de algo tenemos que estar claros es que la obra de Baralt es, en suma, producto de estas tres operaciones básicas.

Baralt, ocupo gran parte de su tiempo en compilar las opiniones dispersas en las fuentes que comprende todo lo referente a la época del “descubrimiento”, a los anales de la conquista, a la marcha y los progresos de la colonización considerada en sus relaciones administrativas. En su Historia Antigua (siglo XV-1797) se evidencia un estudio sobre el estado de las instituciones venezolanas englobando de buena manera la situación por la que venían atravesando la población (Capítulo XVI), La agricultura (Capítulo XVII), Comercio ( Capítulo XVIII), La Educación pública (Capítulo XXI) entre otras; sobre esta última decía “la educación pública en América, y sobre todo en Venezuela, estaba en la situación más lamentable, siendo absolutamente nula la del pueblo y en sumo grado incompleta las de las clases elevadas…. (Baralt; 1960: Tomo I: pág. 489.)

Las fuentes utilizadas para la reconstrucción del proceso histórico venezolano, son de primera mano; sobre Cristóbal Colón, Baralt señalaba: “En muchas partes de la biografía de Colón hemos seguido paso a paso la Historia del Nuevo Mundo escrita por el sabio Don Juan Bautista Muñoz, rectificando algunos hechos y añadiendo otros por la autoridad de Don Martín Fernández de Navarrete, cuya preciosa colección de viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles hemos tenido constantemente a la vista.”(Baralt; 1960: Tomo I: 162). Continua Baralt señalando; “El poco mérito que se encuentre en la presente obra se deberá únicamente a los excelentes escritores que hemos consultado y seguido por lo común, tanto aquí como más adelante…El nuestro no ha sido otro que el ordenar y disponer en un cuerpo, concisamente y con la posible claridad, los hechos que andaban regados en sus obras, corregir los unos con los otros, a unos dar mayor extensión, a otros quitarla; todo con el fin de formar, conforme a nuestro plan, un breve aunque completo resumen de la historia antigua de Venezuela aplicable a la enseñanza….” (Baralt; 1960 Tomo I: Pág. 162)

Por otro lado, La Historia Moderna de Venezuela (1797-1830) abraza la nueva organización política desde el instante en que Venezuela arrojó el grito de independencia y a raíz de lo que Germán Carrera Damas denominó “Crisis de la Formación Social Colonial Hispánica” 1797- 1810. A partir de este año, el criterio de periodificación utilizado por el historiador es anual hasta llegar a 1830. Finalmente, presenta un breve bosquejo donde narra los acontecimientos que van de 1831 hasta 1837.

Entre las mayores virtudes de La “Historia Moderna de Venezuela” (1797-1830) se encuentran las de brindar reconocimiento pleno y objetivo a la obra del Libertador Simón Bolívar; al referirse a los sucesos de 1814 Baralt afirma: “Los heroicos esfuerzos hechos por Bolívar en Venezuela para defender la libertad de la república, en su conducta administrativa y económica, y mayormente la modestia, o llámese sagacidad, con que voluntariamente se sometía él, siendo venezolano y dictador en su patria, a juicio de un gobierno extraño, le granjearon afecto y grande admiración de parte de los granadinos. Justo era, porque ningún hombre con tan escasos medios de acción e igual número de dificultades, dio jamás mayores pruebas de valor, ingenio y fortaleza….” (Baralt; Tomo II: 1960:866)

Con relación a la situación económica de Venezuela Baralt afirma: “Al hablar de las producciones en Venezuela y del orden con que han entrado a figurar en su gobierno, conviene investigar el influjo que la compañía se atribuye en los progresos de la agricultura del país, para lo cual tomaremos de sus propios datos todos los que no estén expresamente contradichos por algún documento público” (Baralt; 1960 tomo I: pág. 525)

Para el análisis económico Baralt accede a la información antes descrita y elabora un cuadro comparativo que muestra el estado de las importaciones y exportaciones hechas por el Puerto de la Guaira entre 1793 y 1839; en dicho cuadro se muestran datos relacionados con las importaciones y exportaciones de Venezuela con la Península, con la América española, con las colonias extrajeras; sintetizando los totales de importación, totales de exportación. (Baralt; 1960 tomo I: pág. 538-539). Este método le permite deducir:
 “De los frutos que sirven para la exportación en Venezuela, ninguno es más importante que el Café… en el año económico de 1838 a 1839 han salido por las aduanas 21.881.311 libras, a cuya cantidad es preciso añadir para tener aproximadamente la producción total 3.600.000 libras a que por lo menos alcanza el consumo del país. (Baralt; 1960 tomo I: pág. 354).

Estas estadísticas también forman parte de los datos suministrados por Codazzi en su resumen de la geografía de Venezuela.  La manera con que Baralt confronta y coteja la información de las fuentes le permite en ciertos casos; negar lo que otros ha afirmado y en otras situaciones confirmarlo. Al accedemos a la obra impresa se notará como al final de cada uno de los tomos se presenta un apéndice donde se pueden observar un conjunto de documentos, copia textual de sus originales, informes reales y cuadros estadísticos que nutren sustancialmente su obra haciendo posible que nuestro historiador pueda mostrar un panorama amplio sobre la condiciones económicas, políticas y sociales por las cuales han trascurrido el pueblo venezolano desde que inicia su historia antigua 1498 hasta su culminación con la historia moderna en 1830.

La obra de Baralt utilizó fuentes directas pues se nutre de testigos o actores que formaron parte de los acontecimientos; igualmente se nutre de apuntes manuscritos; así como también tiene acceso a gran número de archivos del gobierno. Estos datos le permiten presentar un balance sobre las políticas gubernamentales de la época. Podemos citar como ejemplo la correspondencia de Rafael María Baralt con el Ministro Alejo Fortique” y que tiene que ver con los establecimientos de límites entre Guayanas Inglesas y Venezuela; también se pueden mencionar los documentos Militares y Políticos que publicó sobre la Campaña de Vanguardia encomendada a Santiago Mariño impresos y compilador por Baralt  en1830.

A pesar  que en temas de Historia de Venezuela, la de Baralt y Díaz, en orden cronológico, ocupa el cuarto lugar (la de Fray Pedro Aguado, Historia de Venezuela sería la primera, publicada en 1591; la segunda, la de fray Pedro Simón, Noticias Historiales de la Conquista de Tierra Firme en las Indias Occidentales, editada en 1625, y la tercera la de José E. Oviedo y Baños, Historia de la Conquista y Fundación de la Provincia de Venezuela, impresa en 1723) pudiéramos afirmar que en cuanto a la reconstrucción del proceso histórico republicano venezolano, representa el primer esfuerzo serio en buscar y clasificar los testimonios de la independencia para luego verificarlos, controlarlos; y finalmente, como señala Halkin, comprenderlos e interpretarlos.

Baralt sin duda aplicó el método histórico; seleccionó los hechos que él consideró más importantes a través de la inducción y aplicó la analogía y la comparación para confrontar las fuentes de manera que pudiese medir la veracidad de cada una; todo con la intención de acercarse a la verdad. Sin embargo; el principal problema que afronta la historia de Baralt, es que su trabajo historiográfico es muy reciente o contemporáneo a su tiempo y; como nos platea E.H. Carr, “viven quienes recuerdan la época en que todavía existían todas las opciones, y les parece difícil adoptar la postura del historiador para quien han quedado todas canceladas por el hecho consumado. Estamos ante una reacción puramente emocional y ahistórica” (E.H. Carr; 1978: 131)

Evidentemente no existe una historia completamente objetiva, pues para el historiador resulta sumamente difícil desprenderse del objeto de estudio, y aunque solía decirse que los hechos hablan por sí solos, sería necesario aclarar que los hechos solo hablan cuando el historiador apela a ellos porque él es quien decide a que hechos se da paso, y en qué orden y contexto hacerlo.

A pesar de esto y tomando como referente las propuestas de los Anales, de la mano de Marc Bloch, compartimos una premisa cuando afirma que “los historiadores no tienen más que “recitar” lo que las fuentes ofrecen dándonos de la historia según la reciben y no según la estimen” (Bloch, 1987:67). Baralt sin duda; trató de aferrarse a esta idea (posteriormente concebida por Bloch); pero como el mismo señala, resulta imposible inmiscuirse cuando el correr de los acontecimientos pasa por el frente de nuestras narices; razón por la cual decidió sabiamente culminar su Historia de Venezuela en 1830.

A la edad de 31 años y a raíz de la experiencia adquirida se radica en España aprovechando un encargo diplomático que lo obliga a viajar a Londres y que tiene que ver con el establecimiento de los límites fronterizos a raíz de la disolución de la “Gran Colombia”; aunque terminó el trabajo, decide quedarse en Sevilla hasta 1845 y luego se traslada a Madrid lugar donde se radicará definitivamente. En 1843 escribe su oda Adiós a la patria y otros poemas; de allí en adelante se suma a los círculos literarios de la península ibérica donde hace abundante periodismo y se asimila a la vida política de ese país. Allí publica posteriormente “El libro Poesías” (1848), “Libertad de Imprenta” (1849), “Diccionario Matriz de la Lengua Castellana” (1850), “Diccionario de Galicismos” (1855).

Su mayor reconocimiento lo obtiene el 15 de septiembre de 1853 cuando La Real Academia Española lo elige para ocupar un sillón vacante y el 27 de noviembre del mismo año se incorpora como orador leyendo un discurso de recepción en la misma academia. En 1854 la República Dominicana, lo designa para pactar con España el tratado de reconocimiento de la nueva nación. Por circunstancias políticas, es violada su correspondencia oficial cuando se discute la interpretación del tratado; España lo desconoce como embajador, lo priva de sus cargos públicos y lo enjuicia en 1857. Aunque es absuelto y reivindicado públicamente, su salud queda quebrantada y muere en Madrid el 4 de enero de 1860 a la corta edad de  49 años. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 23 de noviembre de 1982. 

Consideraciones Finales.
Tres virtudes anidaron en el carácter de Rafael María Baralt: Espíritu de superación, Constancia y Fortaleza ,pues como hemos observado,  su vida fue sacudida no pocas veces por dificultades y tropiezos;  y a pesar de esto siempre supo –salvo en los últimos momentos aciagos días de su vida- reponerse ante la adversidad, para erguirse victorioso frente al fracaso.[6] Definitivamente el resumen de Historia Antigua y Moderna de Venezuela se ha convertido, y así lo reconocen los historiadores venezolanos, en memoria y pilar de la identidad de los  venezolanos.
Sin embargo; resulta indudable que las investigaciones sobre la Historia de Venezuela que surgieron después del trabajo de Baralt y Díaz, con documentos que no se conocían, con investigaciones practicadas para esclarecer hechos y circunstancias, con mayores factores y fuentes de información y una vez desaparecidos todos los actores, contendrán versiones no acordes con la de éstos. No obstante, para el tiempo de publicación del trabajo no puede ser considerado como error, pues son frutos naturales del medio en que se desenvolvieron.

El reconocimiento pleno sobre el valor de la “Historia Antigua y Moderna de Venezuela” quedará puesto en evidencia a partir de la primera década del siclo XX hasta nuestros días. Rufino Blanco Fombona señala al referirse a su historia de Venezuela “esta obra es, como se sabe, en cuanto historia, el libro clásico de Venezuela, y en cuanto literatura, uno de los que entran en la docena de libros más hermosos del habla castellana”[7]
Es  necesario aclarar que nada es tan verdadero como que los historiadores de una generación esperan que su trabajo sea superado una y otra vez, ya que cada generación posee su propia visión del proceso histórico partiendo de la siguiente interrogante: ¿Cuál es la causa de este hecho?. Baralt con sus aciertos y desaciertos aporta información valiosa que da luz en la sombra, permitiendo con su aporte histórico y documental enriquecer las producciones historiográficas venideras.

 Finalmente diremos que para juzgar al historiador y su trabajo, hay que situarse en el medio en que actúo y en las teorías aceptadas por él. Juzgarlos hoy, con los adelantos científicos y con nuevas teorías que son contrarias a las de ayer, constituye en buena medida un gran error.
Jorge  Fymark  Vidovic  López
Correo electrónico:    jorgevidovicl@hotmail.com
                                             José   Lares  Rubio
Correo electrónico:     joselarezve@hotmail.com


REFERENCIAS.
Baralt Rafael María, “Historia de Venezuela” Tomos I-II Edición de La Universidad del Zulia. Maracaibo 1960.
Baralt, Rafael María. “Discurso de incorporación a la Real Academia Española” Nota de Francisco Javier Pérez. Ediciones de La Universidad Católica Cecilio Acosta, Maracaibo 2003.
Bellos, Abraham. “Don Rafael María Baralt”. Tomado de la Revista Baraltiana N 6 ediciones de La universidad del Zulia. Caracas- Maracaibo Junio de 1966. Pág. 106
Cardozo Galué, Germán. “Rafael María Baralt: Filosofo social. Los orígenes de la venezolanidad.” Artículo publicado en la Revista de la Universidad del Zulia de Ciencias- Sociales y Arte. Ediciones de la Universidad del Zulia Maracaibo 2010.
Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar. Edición 1997.
Ríos Berthy. “Muerte y Resurrección de Baralt” En Revista Baraltiana N 4 ediciones de La universidad del Zulia. Caracas- Maracaibo Junio de 1964.
Marc Bloch. Introducción a la Historia. Fondo de Cultura Económica. Edición 1987. México.
E. H. Carr. Que es la Historia. Editorial Seix Barral. Edición 1978.Barcelona.
Grases, Pedro. “Rafael María Baralt, Periodista e Maracaibo, en 1929. En Revista Baraltiana N 4 ediciones de La universidad del Zulia. Caracas- Maracaibo Junio de 1964.
Iragorry, Mario Briceño. “Pasión y triunfo de dos grandes libros” En Revista Baraltiana N 6 ediciones de La universidad del Zulia. Caracas- Maracaibo Junio de 1966.
Mijares, Augusto. “Baralt Historiador”. Estudio introductorio sobre la obra de Rafael María Baralt. “Historia de Venezuela” Tomos I Y II. Edición de La Universidad del Zulia Maracaibo 1960.
HalKin, León. “Iniciación a la crítica histórica” Ediciones de la Universidad Central de Venezuela. Caracas 1968
Parra Contreras, Reyber. “Los Orígenes del Debate Socialista en Maracaibo 1849-1936”. Tesis (inédita) para obtar al título de Doctor en Ciencias Humanas. Universidad del Zulia. Maracaibo 2009.
Parra Contreras Reyber. “Visión del socialismo en el pensamiento de Rafael María Baralt”. Artículo publicado en la Revista de la Universidad del Zulia de Ciencias- Sociales y Arte. Ediciones de la Universidad del Zulia Maracaibo 2010.
Schaff, Adam. “Historia y Verdad” Ediciones Grijalbo, México 1974.
Tinoco, Antonio, G. “Rafael María Baralt y el Prepositivismo en Venezuela”. Artículo publicado en la Revista de la Universidad del Zulia de Ciencias- Sociales y Arte. Ediciones de la Universidad del Zulia Maracaibo 2010.



[1] Cardozo, Galué; Germán. “Rafael María Baralt: Filosofo Social. Los Orígenes de le Venezolanidad”. En revista de la Universidad del Zulia Ciencias Sociales y Arte. Editorial.  LUZ -  2010 pag.15
2. Tomada de Pedro Grases, y éste lo toma a su vez de La Fundación John Boulton de Caracas. Esta versión procede de una copia en microfilm de una valiosa colección de documentos históricos que el doctor Mario Espinoza Ponce de León posee en Bogotá. En Revista Baraltiana N 4 Pág. 10, ediciones de La Universidad del Zulia Junio – 1964.

3 Tomado de un ensayo escrito por don Mario Briceño Iragorry titulado “Pasión y Triunfo de dos grandes libros” para la revista Baraltiana N 6 publicada en Mayo de 1966 Pag.61-62.

4 Memoria al Congreso (De los papeles de Urdaneta). Tomado de los anexos presentados por Mario Briceño Iragorry en la Revista Baraltiana N 6 Pág. 86-87.
5 Boletín de la Academia Nacional de la Historia .Tomo XXVI; N 88, octubre – diciembre de 1939 Caracas Tipografía americana pag.527

[6] Virtudes asignadas por: Parra Contreras Reyber. Tomado de su  prologo en relación a la publicación del discurso pronunciado por Rafael María Baralt cuando se incorpora a la Real Academia de la Lengua  Española. En la colección de cuadernos de difusión de Luz -  2010. Pág. 7
7 Tomado de un ensayo titulado “Baralt Historiador”; escrito por Augusto Mijares y que actúa como complemento de la Edición de 1960 sobre “Historia Antigua de Venezuela Tomo I. Edición de La Universidad del Zulia, Maracaibo 1960.

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